Domingo , junio 24 2018
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Economía sin lágrimas: ¿Qué sabemos de la religiosidad de Anaya? ¿Acaso importa?

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Periódico SUPREMO.- Hoy, sabemos qué fe profesan Meade, López y Zavala. De manera abierta, los tres nos han hecho saber qué es lo que norma sus vidas en materia religiosa; católicos, Meade y Zavala, y López cristiano. Faltaría que Anaya hiciere pública su fe religiosa, de tener alguna.

¿Por qué lo han hecho los tres? ¿A qué se debe que se hayan abierto en un tema que durante decenios —si no es que casi siglo y medio— ha sido, por decir lo menos, espinoso? ¿Pretenden acaso, con esta confesión pública, ganar algo? ¿Esperarían acaso que los que profesan el catolicismo y los que sean cristianos apuntalen el caudal de votos de Meade y Zavala y, por supuesto, de López?

¿Con quiénes se quedaría Anaya? Es más, ¿le interesaría manifestar públicamente su religión? ¿Y si prefiriere no hacerlo, dado que un buen porcentaje de jóvenes lo apoya, y entre ellos es donde se da el mayor rechazo a todo lo que huela a religión?

¿Qué importancia tendría en un país como el nuestro, cuya historia ha estado marcada —desde la Guerra de Independencia, para no ir más atrás en el tiempo— por la manipulación de la población por parte de la jerarquía católica para oponerse abiertamente al Estado con miras, más que evidentes, a debilitarlo y mantener los privilegios adquiridos y disfrutados por más de tres siglos y medio?

¿En verdad piensan los candidatos que el declarar que van a misa los domingos y respetan las fiestas de guardar, como ha hecho Meade, da votos de los católicos? Y en el caso de López, ¿en verdad piensa que sus manifestaciones religiosas en actos políticos, le granjeará simpatías cuando lo obtenido ha sido un torrente de críticas por parte de grupos importantes que lo apoyan?

Pregunto ante lo dicho en los dos párrafos anteriores, ¿Anaya mantendrá su posición de no jugar con algo que debe mantenerse en el ámbito de su privacidad y la de su familia? Dejemos, pues, que las cosas se decanten de manera natural, y vayamos a lo central de esas manifestaciones: El efecto en la gobernación.

Ante las resoluciones que el Poder Judicial ha tomado en temas diversos relacionados con las creencias religiosas, ¿qué podría hacer el gobernante? ¿Acaso hay ingenuos todavía, que aquél sería capaz de poner por encima de sus obligaciones constitucionales lo que le manda su fe?

Es más, ¿tiene importancia en las condiciones actuales que éste o aquel gobernante manifieste su creencia religiosa y presuma una y otra vez que va a misa y respeta las fiestas de guardar? Zavala ha dicho una y otra vez —para que el que hubiese querido escucharla lo hiciera— que una cosa es su religión y otra, muy distinta, las resoluciones del Poder Judicial.

Es más, de vieja data sabemos de sus creencias, y hasta donde sé, posición que la honra, jamás ha dudado que lo que vale en lo público es lo del César. ¿Por qué entonces esa insistencia de Meade y López en destacar sus valores religiosos? ¿Demagogia, oportunismo? Vaya usted a saber, pero en ambos casos, la posición de cada uno de los dos se ve falsa.

¿Qué pasaría con López si intentare seguir con esa locura de la Constitución Moral? ¿Piensa en su hoy casi demencia senil, que el Congreso nada haría y los partidos políticos verían pasivamente su despropósito?

En México, lo he dicho, es peligroso, además de irresponsable, pretender llevar lo religioso a la esfera pública de la política. Bien harían ambos —Meade y López— en repasar la historia para que vean lo peligroso de su conducta, la cual, hablando en plata, sólo busca votos y para ello recurren a lo que jamás deberían tocar, la fe de cada mexicano.

Por eso aplaudo las posiciones de Zavala y de Anaya; la primera, marcando claramente las esferas de lo privado y lo público, y el segundo, manteniendo lo privado, privado. Dejemos, pues, las sotanas y la Biblia donde van, y pongamos la Constitución y las leyes donde deben estar.

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